AND YOU FIND ME, IAN CURTIS I Arya Blues

Ian Curtis

Y de repente todo cambió.

Estaba en uno de esos días que mis compis llaman “aburrido” y que yo llamo “los mejores días de la semana”. Uno de esos días en los que cierro cualquier pequeño agujero por el que la luz se pueda colar, preparo el portátil y enciendo Netflix en busca de alguna nueva aventura que emprender.

Entonces lo vi. Vi una portada en blanco y negro que ya había visto en alguna ocasión. Pero ese día, en aquel instante sentí que era el momento de abrir esa ventana llamada “Control”.

Y entonces hice click. Era imposible dar marcha atrás. La primera imagen flasheó mi mente de tal manera que se convirtió en una adicción con final no muy feliz por un lado y muy feliz por el otro.

La aventura estaba protagonizada por Ian Curtis, un chico que generaba en mí gran curiosidad por ser tan especial. Una persona con “alma de artista”. Con talento para hacer que las piezas encajen, y para hacer que algo que podría ser solamente ruido, tomara la melodía exacta.

Puro fuego que solventaba las decisiones más importantes de su vida como si se tratasen de una serie de poemas de Pablo Neruda.

Todo para mí tenía sentido y me dejaba llevar por la corriente de la historia. Sin embargo, llegó un momento crucial. Apareció ante mi una imagen que sí había visto muchas muchísimas veces: en carteles, en camisetas, en habitaciones, en bares, en conciertos…

Y es entonces cuando sentí que toda mi vida había estado rodeada de la estela de alguien tan especial como Ian Curtis y que como un ángel de la guarda se escondía detrás de aquel dibujo intentando decirme algo importante.

Después de ver la película biográfica de Ian y su grupo Joy Division (hoy en día “New Order”) no pude parar. Así que seguido me dispuse a ver el documental también en Netflix. Así fue como Ian Curtis me encontró y pasó de convertirse en adicción a convertirse en la pasión que desencadenó un montón de acontecimientos.

El primero: La inspiración.

¡Qué difícil es explicar estas cosas que me pasan! ¡Qué estúpida me siento a veces! ¡Qué privilegiada soy por ello!