LA RUTA DEL BLUES: LUISIANA, EL COMIENZO DE UNA NUEVA AVENTURA I Sarah Blues

La ruta del blues

CAPÍTULO 1

¡Hola Golondrinas!

Este es el primer capítulo de los viajes de mis sueños. Aquellos que quiero dejar por escrito para no olvidar nunca que están en mi lista aún sin tachar.

La música es uno de los motores que hacen rodar mi vida. Desde que me levanto hasta que el sol se pone, las melodías me acompañan y si esto no ocurre, me siento realmente extraña. Un día sin música, es un día infinitamente peor.

Por eso, Blues es mi seudónimo. Por eso y porque en mi cabeza veo como se va trazando una línea en un viejo y amarillento mapa mientras surgen del papel notas y sonidos bien conjugados en la oscuridad de una noche pintada con neones de colores. O así es al menos como yo me imagino los antiguos bares de Blues y Jazz de Estados Unidos.

Blues

Cogería un avión desde Madrid y cruzaría el Atlántico para aterrizar en el meollo. Allí donde grandes músicos como Louis Amstrong o Allen Toussaint dieron sus primeros pasos. Nueva Orleans (Luisiana).

Por delante, un mes de infinitas aventuras junto con otras Golondrinas apasionadas a lomos de una Volkswagen Type 2 de color azul surcando carreteras y buscando los rincones más significativos del Blues. Recorriendo de sur a norte, 2300 Kilómetros a través de la Ruta 61 desde el mismo Nueva Orleans (Luisiana) hasta Wyoming (Minnesota) haciendo desvíos para hacer parada en lugares icónicos.

Pasaríamos por Misisipi, Alabama, Tennessee, Arkansas, Missouri, Illinois, Iowa y Wisconsin, y aunque mi cuerpo me pidiera trazar una línea diferente por mi naturaleza curiosa, seguiría mirando al frente o a través de la ventanilla para no perderme ningún detalle.

Probablemente en todo este relato habrá algún tipo de incoherencia, sin embargo, no olvidemos que se trata de mis sueños, y que para una experiencia más realista deberemos esperar quizá años hasta pisar tierra firme y real.

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En algún lugar de la red he leído que el French Quarter carece de alma. El French Quarter es el Barrio Francés, aquel donde se encuentran la mayor cantidad de garitos con música Blues y Jazz en directo. Sin embargo, parece que es una simple y barata reproducción de lo que algún día fue.

Personalmente, prefiero ser menos crítica y acercarme al barrio más antiguo para absorber aunque sea una mínima gota de esencia “romántica”. Después quizá me aventure junto con mis Golondrinas a investigar otros lugares dispersos a lo largo y ancho de la ciudad. Decatour Street, Frenchmen Street, Bourbon Street…son calles que no debemos dejar atrás.

Pero ¡Atención! No olvidemos que venimos aquí con tiempo suficiente, así que no deberíamos quedarnos únicamente en lo superficial de la ciudad. Pisamos las calles donde algún día pisaron grandes artistas y creadores, respiramos el mismo aire y nuestros ojos observan casi los mismos lugares (algo cambiados pero en esencia los mismos).

Deberíamos quedarnos al menos tres días y después de recorrer a pie por el día y de volar con la melodía por la noche no debemos dejar de lado Jackson Square, Louis Amstrong Park, Saint Louis Cathedral o El Museo de Arte de Nueva Orleans para los próximos días.

Bourbon-Street

Lo importante es caminar sin rumbo e integrarse lo máximo posible en la vida real de la ciudad. Por eso mis Golondrinas y yo no tenemos que sentir miedo y tenemos que ser sociables, hablar con las personas que realmente viven o han vivido allí. Quizá, la elección más adecuada para establecernos sea un apartamento AirBnB en el que vivan personas nativas del lugar con las que poder entablar conversación y discutir amablemente sobre el pasado y el presente de Nueva Orleans y de la música.

Después de tres días ajetreados en la ciudad, refrescos, música y paseos casi guiados por lugares emblemáticos llega el momento de volver a subirse a nuestra Golondrina principal. Nuestra furgoneta azul. Le hace falta un nombre, ¿Se lo ponemos?

Es hora de poner rumbo a Misisipi, sin embargo, esto no se trata de conducir para llegar a un destino, sino de disfrutar del camino, así que tardaremos algunos días en establecernos de nuevo. Dormiremos en nuestra furgoneta y haremos parada en pueblos y ciudades como St. Francisville donde, entonces sí, no podremos evitar echar una mirada hacia el pasado gracias a sus casas de madera pintadas de color azul, a su verde paraje rodeador de plantaciones y a sus ondeantes banderas estadounidenses.

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